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Neutralidad de la red, ¿un mundo posible?

Recientemente, Ajit Pai, actual presidente de la Comisión Federal de Comunicaciones de Estados Unidos (FCC, por sus siglas en inglés), anunció la revocación de las reglas para promover y proteger el internet abierto, promulgadas durante la administración de Barack Obama. Esta situación generó reacciones encontradas, que fueron de la especulación sobre la influencia que puede tener la política estadounidense en el resto del mundo (“The US net neutrality fight affects the whole world”, de Vlad Savov, en The Verge) hasta los aplausos por haber despojado a internet de ese cariz falazmente libertario (“The economic case that net neutrality was always fundamentally bad for the internet”, de Dan Kopf, en Quartz).

Por neutralidad de la red entendemos que todo el tráfico de internet debe ser tratado de la misma forma, sin discriminación o interferencia. En el mismo sentido, los usuarios de la red deben tener la libertad para acceder al contenido, servicios y aplicaciones que elijan desde el dispositivo de su preferencia. En suma, internet sin discriminación ni carriles rápidos, sin cuotas adicionales ni interferencia o bloqueo entre proveedores de internet y de contenido. De entrada suena bien, ¿quién podría estar en contra de esto y por qué?

Dejemos claro que no se trata de una cuestión nueva. En materia de telecomunicaciones las primeras reglas que tácitamente se referían a la neutralidad de la red datan de los setenta. Décadas más tarde, en 2004, Michael Powell, entonces presidente de la FCC, dio a conocer los cuatro principios que servirían para preservar la libertad del internet: 1) acceder a contenidos, 2) ejecutar aplicaciones, 3) conectar dispositivos y 4) obtener información sobre el plan de servicio. Dicho documento surgió en el contexto de las limitaciones y bloqueos realizados por los gigantes de las telecomunicaciones (Verizon, at&t, Comcast). En 2010 se emitieron los principios para la preservación del internet abierto, mismos que daban soporte a la neutralidad de la red.

Tras haber coqueteado sin éxito con la posibilidad de eliminar esta neutralidad, en 2015 la FCC reforzó las reglas existentes para promover y proteger el internet abierto. Esta fue la regulación que la propia FCC revocó en diciembre de 2017.

Los impulsores de esta última medida argumentan que la revocación no tendrá efectos inmediatos ni perjudiciales para los usuarios finales (incluso Pai lo ilustró con un peculiar video, Seven things you can still do after net neutrality disponible en YouTube, en el que te dice que aún podrás “subir a instagram lo que comes”). Bruce Owen, de la Universidad de Stanford, afirma en su artículo “Antecedents to net neutrality” que detrás de la neutralidad de la red se encuentra la ignorancia acerca de más de un siglo de historia económica y regulatoria. De acuerdo con este académico, en otras ocasiones se ha tratado de evitar el cobro diferenciado por el acceso a servicios, so pretexto de evitar la discriminación, pero tal política no ha funcionado. En 1887, ejemplifica Owen, la industria de trenes estaba impedida para cobrar cuotas discriminatorias; sin embargo, la regulación no logró su objetivo y posteriormente fue abrogada. También se ha afirmado que hacer obligatoria la neutralidad pone en evidencia una política gubernamental pobre (porque no existen pruebas de sus ventajas económicas) y que más bien debería promoverse la libre competencia.

Por otro lado, los defensores de la neutralidad han advertido (como los profesores Lawrence Lessig y Robert W. McChesney en un artículo para el Washington Post) que establecer cuotas adicionales a los proveedores de contenido y a los usuarios, como estarían posibilitados de hacer los proveedores de internet, terminaría por instaurar en la red un modelo económico similar al de la televisión por cable, en el que el proveedor del servicio decide qué se ve y cuándo. En contraste, nos recuerda Tim Wu en un artículo para Wired, internet fue diseñado para conectar cualquier red y soportar cualquier aplicación; uno de sus principios primarios (end-to-end) significa que son los usuarios finales –y no los proveedores– los que deciden el uso que le darán al internet.

Hace un par de años, un debate similar en la India dio lugar a una fuerte campaña a favor de la neutralidad de la red. Estos argumentos se han mantenido en la discusión en Estados Unidos: sin neutralidad, los usuarios finales verían sus decisiones de consumo afectadas por la velocidad que los proveedores de internet otorgaran a los proveedores de contenido (un proveedor de internet podría disminuir la velocidad de aplicaciones que compitan con aquellas en las que tiene intereses). Además de recibir dinero de los usuarios finales, los proveedores de internet podrían recibir pagos de sus proveedores de contenido, a cambio de trato preferencial. Un proveedor de contenido puede pagar a un proveedor de internet para que los usuarios finales tengan acceso a su aplicación independientemente del paquete que elijan o de si tienen o no datos. Dicho contexto puede resultar contraproducente para la innovación tecnológica, porque las empresas emergentes no podrían competir con las grandes. Esto nos lleva a uno de los puntos finos de la discusión: ¿es la neutralidad de la red un subsidio para las compañías que comienzan?

En México, por lo pronto, los artículos 145 y 146 de la Ley Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión garantizan la neutralidad de la red. Probablemente la discusión no ha llegado a los puntos álgidos ni se ha convertido en prioridad porque, según estadísticas del Inegi, poco menos de la mitad de la población del país tiene acceso a internet.

Sin temor de caer en la ignorancia que menciona Owen, me atrevo a decir que la comparación entre internet y cualquier otro servicio es insuficiente. La web alberga un mundo, para algunos, aparte, para otros, complementario. Sus posibilidades se antojan infinitas. Tal vez sea momento de hacer un cambio de paradigmas económicos y regulatorios que nos lleven a reflexionar –como sugiere Tim Berners-Lee, inventor de la World Wide Web– si queremos una red neutral y no fragmentada y que esas características se conviertan, poco a poco, en los derechos fundamentales en torno a internet. ~


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