artículo no publicado

Escribir para sobrevivir

Cristóbal Pera

La bahía suspendida

Ciudad de México, Debolsillo, 2017, 198 pp.

¿Quién escribió esta novela? ¿El joven novelista graduado en la Universidad de Barcelona y doctorado en la Universidad de Texas en Austin, o el renombrado editor de Borges y de García Márquez? ¿El joven académico o el maduro editor? Publicada en 1992, se reedita por primera vez veinticinco años más tarde.

¿Por qué reeditarla ahora? ¿Qué ganó y qué perdió este libro en el camino?

Hay muchos casos de escritores que son a la vez editores de revistas o libros que se valen de la imprenta para exponer un punto de vista sobre el mundo. Los que no abundan, creo, son los editores de cepa que sean también escritores de creación (porque sí que hay editores que publican sus experiencias editoriales).

La bahía suspendida es una novela de juventud. Una novela en busca de su tono. Y de su tema. Aparentemente sigue una trama –el viaje de Sebastián hasta un hotel en la bahía y ahí el encuentro de la amistad y el amor–, pero esto parece más bien un pretexto para narrar. Como el tema de la “naturaleza muerta” para el pintor realista, la anécdota se convierte para el narrador en un motivo. Así, la aventura de Sebastián rumbo a la bahía tiene que leerse como un viaje mental más que físico. Un viaje (una huida) que tiene mucho de ensayo y de prueba. Prueba para Pera, joven novelista, para el narrador de esta historia y para el personaje Sebastián Adorno, que escapa de las comodidades del hogar y de su amante para refugiarse en un remoto hotel.

¿Qué es lo que quiso contar Pera con esta historia? Una novela a la que puso punto final hace veinticinco años y que ahora regresa como una obsesión para relatar ¿qué cosa? ¿La huida de Sebastián? ¿El encuentro con la hermosa Aurora? ¿La rivalidad entre los dos hoteles situados en un lugar sin referencias geográficas ni temporales reconocibles? Una bahía que es en realidad un campo de prueba. Un laboratorio de ensayos narrativos. “Todo el día –cuenta el narrador– había estado teñido de esa melancolía que le da a la vida un aspecto asmático.”

Cristóbal Pera se desdobla en un narrador (Sebastián Adorno) que a su vez decide escribir una novela cuyo primer personaje es el propio Sebastián Adorno. La novela dentro de la novela que se espera del novelista novel que busca escribir narrativa mientras cursa la academia. La novela –la literatura– como una forma de escapar de aquel mundo. “Solo la literatura, intercalada subrepticiamente entre los temas, le había salvado del desastre final.” Solo los ensayos narrativos de La bahía suspendida salvaron a Pera de ser un académico y lo metieron de lleno a la literatura, aunque muy pronto encontró un lugar en el mundo editorial. De la academia a la edición pasando por la novela. No se trata, de ese modo, de una bahía “real” o que fingiera serlo, sino de una bahía plenamente imaginaria. Una bahía verbal: “Un grupo de nubes que navegaban por el horizonte de una tierra seca y agrietada construían una perfecta bahía... una bahía aérea, una bahía suspendida.”

Cristóbal Pera publica una novela del Cristóbal Pera que fue y que pudo ser, el Pera novelista. Aquel que todavía no sabía disimular bien los andamiajes de su obra. Un narrador que divaga y ensaya. Es La bahía suspendida una primera novela de huida y definición. Con un narrador que va explorando su tono y su tema, que se esconde detrás de un personaje, consumido también en el acto mismo de escribir una novela. Escribir “como si solo estuviera en mi poder encontrarle algún sentido” a las cosas. Escribir para sobrevivir. ~


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