artículo no publicado

El futuro ya ocurrió aquí

Carlos Illades

El futuro es nuestro. Historia de la izquierda en méxico

Ciudad de México, Océano, 2018, 216 pp.

Inevitablemente, la primera pregunta que tendrá que responder cualquier persona que decida escribir una historia de la izquierda es: ¿qué es esa izquierda cuya historia se va a reseñar? Carlos Illades (Tepic, 1959) contesta de una manera clara y sucinta desde la primera página. La izquierda es esa “corriente política singular [...] que desde un principio [...] se trazó el objetivo de resolver la ‘cuestión social’”. Y esa cuestión social es la gran paradoja de la Revolución industrial en la que el crecimiento sin precedentes de la capacidad productiva y la riqueza vino acompañado de una mayor pauperización de las clases desposeídas.

Esta definición conceptual de Illades es también una afirmación política. Por un lado, a pesar del llamado “fin de las ideologías”, decretado por el neoliberalismo triunfante hace poco más de treinta años, la izquierda no deja de tener “una identidad propia”. Por otro lado, esa identidad política propia no se reduce a “tener buenos sentimientos y ser honesto”, según la versión rosa de Andrés Manuel López Obrador. La izquierda es entonces una toma de postura y un programa contra la desigualdad social.

En El futuro es nuestro, Carlos Illades se propuso el reto de resumir en poco más de doscientas páginas la historia mexicana, en diálogo con el mundo, de esa postura y programa contra la desigualdad. Por ello, en un primer plano, el libro es un ejemplo típico de las difíciles decisiones y sacrificios necesarios cuando la envergadura del proyecto contrasta con la extensión permitida: hay una gran cantidad de temas en perjuicio de la profundidad en su tratamiento; el contexto mundial de cada etapa descrita se presenta como un repaso fugaz, etcétera.

Sin embargo, la lectura detallada revela cómo las decisiones sobre hasta qué punto desarrollar o resumir momentos históricos específicos responden a un plan determinado por la trayectoria del autor. Por ejemplo, la narración del origen y desarrollo de los primeros grupos obreros y de la emergencia del pensamiento socialista en México en el siglo XIX no es solo una pincelada del contexto histórico, sino un muy informativo análisis del momento fundacional de la izquierda mexicana.

Ello, por supuesto, no es casualidad. Carlos Illades es quizá la mayor autoridad en el estudio del origen de la organización y el pensamiento de la clase obrera en México. A través de este libro, no pocos lectores tendrán un primer acercamiento a la formación de la izquierda mexicana en el periodo entre la restauración de la república y la consolidación del porfiriato. Un proceso histórico que ilustra cómo el nicho del pensamiento de izquierda aparece en torno a la conciencia de que la emancipación política y la igualdad de derechos, objetivo del liberalismo clásico, no conlleva la emancipación social, como ya Marx había descrito en “Sobre la cuestión judía”.

El hilo conductor de El futuro es nuestro es el desarrollo de las corrientes de izquierda según una tipología propia. Por ejemplo, para Illades, lo que Marx y Engels llamaron “socialismo utópico”, en contraposición al socialismo “científico”, es el primer momento de una larga tradición de “socialismo romántico” que reaparecerá periódicamente hasta nuestros días. En el caso mexicano, a partir del cardenismo las tres grandes ramas de la izquierda quedaron formalmente constituidas: la izquierda marxista, en sus variantes prosoviética, trotskista y anarcosindicalista; la izquierda nacionalista, heredera del cardenismo dentro y fuera del PRI; y la izquierda socialcristiana, muy marginal al principio y luego revigorizada en los años sesenta con el Concilio Vaticano II.

Las grandes transformaciones y varios momentos climáticos de la izquierda son analizados en el libro a partir de las interacciones de sus tres grandes ramas. La descripción de estas etapas, sin embargo, es relativamente plana y no profundiza en las grandes coyunturas que derivaron en procesos de cambio y reajuste: la agitación sindical de finales de los cuarenta, el movimiento del 68 y los eventos de la “década perdida” de los ochenta, por ejemplo, son todos reseñados con la misma voz que parece empeñada en limar las aristas que harían sobresalir a estos momentos históricos.

Es hacia el final del libro, en su tratamiento del neozapatismo y el surgimiento de Andrés Manuel López Obrador, que el lector se ve recompensado por su paciencia. Aquí Carlos Illades da muestras palpables de su originalidad y de la solidez de sus conceptos. El EZLN –y el movimiento altermundista que congregó– fue quizá la última bocanada de aire fresco porque, siendo producto del propio proceso histórico de las grandes ramas de la izquierda, representó también un rompimiento con su lógica fundamental. El zapatismo no se planteó la toma del poder ni la consolidación del movimiento a partir de los viejos esquemas organizativos; tampoco se preocupó por desarrollar un rígido corpus ideológico, nos recuerda Illades, sino que recuperó la tradición de la autogestión.

En cuanto al lopezobradorismo, Illades se distancia del uso peyorativo del término “populismo” para presentarnos una lectura basada en la teoría populista de Laclau, según la cual López Obrador es un ejemplo clásico de la creación discursiva del “pueblo” y su oposición binaria a la “mafia del poder”. Tanto en el zapatismo como en el lopezobradorismo, el autor ve el retorno del viejo “socialismo romántico” con sus comunidades libremente asociadas, en el primer caso, y su apelación moral a un “pueblo unitario, bueno y homogéneo”, en el segundo.

Carlos Illades decidió titular su historia de la izquierda mexicana El futuro es nuestro. Este es el grito de batalla de una corriente de pensamiento y acción política empeñada en expropiarles el futuro a las clases dominantes para devolvérselo a las desposeídas. Es una intención noble y simple que ha podido movilizar conciencias a lo largo de dos siglos en muy diversos contextos históricos. La escritura del libro, sin embargo, trasmite poco de esa efervescencia en voz de sus protagonistas.

Este es quizás el mayor aporte, involuntario o no, del autor. Al final del libro, el lector queda ante la disyuntiva de apreciar el pasado de esta izquierda tan bien descrita o asumir el reto de repensar a la izquierda para devolverle su futuro. ~


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