artículo no publicado

Cómo comportarse en la era global

Camille Bordas

Cómo comportarse en la multitud

Traducción de Carlos Jiménez Arribas

Barcelona, Malpaso, 2017, 288 pp.

 

En The fall of language in the age of English la autora japonesa Minae Mizumura explora el riesgoso predominio del inglés en la era global: “ya no es una lengua nacional –asegura– y por lo tanto los textos escritos en ese idioma ya no son literaturas nacionales”. De alguna manera, Camille Bordas (Lyon, 1987) es, a la vez, una autora sintomática y no de los alegatos que Mizumura dispara contra la hegemonía anglo. Su novela Cómo comportarse en la multitud está escrita en inglés, pese a que es una autora francesa, que creció hablando español (su segunda lengua materna) y que vive en Chicago desde el 2012. Además, escribió sus dos novelas anteriores –Les treize desserts y Partie commune– en su primera lengua materna, el francés.

Casi toda la trama sucede en un pequeño pueblo sin nombre, donde viven los Mazal, una familia de clase media alta y producto de la sociedad francesa ilustrada y laica. Así es como conocemos a Isidore Mazal (a veces Dory o Izzie), un niño de once años que va a la escuela y se relaciona con una compañera de tendencias suicidas llamada Denise, conversa con sus hermanos y hermanas, lee libros una buena parte del tiempo, intenta aprender alemán, opina sobre programas de televisión y habla con Daphné Marlotte, mujer de ciento once años, quien durante la historia se convierte en la persona más longeva de toda Francia y le confiesa a Dory: “El miedo a la muerte es el único temor que una no deja atrás conforme se va haciendo vieja.”

Los Mazal son una familia prototípicamente anormal, muy en sintonía con los Glass de Salinger o los Buddenbrook de Mann; es decir, una familia con niños y adolescentes que saben más del mundo gracias a libros y películas que por jugar al aire libre. Ahí está Berenice, de veinticuatro años, quien prepara la defensa de su tesis doctoral en París; lo mismo Aurore y Leonard, ambos jóvenes doctorandos; el otro hermano, Jeremie, estudia una maestría en composición musical; y por último Simone, la compañera de cuarto de Izzie, está varios grados adelantada en el instituto gracias a su desbordada y exasperante inteligencia.

No hay mucho que decir en cuanto a trama: Cómo comportarse en la multitud nos muestra la vida de Dory a lo largo de tres años, durante los cuales sucede una tragedia familiar. Esta es una novela de conversaciones y paseos; o sea, una novela francesa. De hecho, impresiona el abanico de temas que Dory toca –a veces de manera casual y a veces un poco forzada–, en sus pláticas con sus hermanos o con sus compañeros de clases. Así, puede que en algunos pasajes se note el trasfondo francés de Bordas: Dory, por momentos, es un pequeño existencialista de pueblo, ya sea cuando habla de literatura (“Quería que le diera la razón cuando dijo que don Quijote era impotente, que por eso era tan melancólico y veía molinos, según ella, símbolos de penes erectos, que parecían gigantes”), sobre cómo controlar pulsiones libidinales (“Es cierto que pensaba mucho en el sexo, no voy a mentir, pero también pensaba bastante en la muerte y en que era completamente imposible saber si el resto de la gente pensaba en el sexo y en la muerte tanto como yo”), o hasta en temas como filosofía y búsqueda personal (“Simone decía que algunas personas necesitaban refugiarse en el pasado y recordar a todas horas cuánto habían perdido, porque así lograban un asomo de vida interior”).

La de Bordas es una novela sin mucha estridencia. La autora limita su narración a una sola perspectiva de la realidad, pese a eso la voz de Dory es infantil sin ser infantiloide, más cercana a lo femenino que a lo masculino y profundamente empática y curiosa. Sin ir más lejos, los otros Mazal –hermanos y hermanas de Dory, la mayoría inmersos en sus estudios doctorales– sirven para balancear la trama. “A veces tengo la sensación de que he criado una camada de misántropos”, les reprocha su madre. “Sois todos unos intolerantes que solo levantan la cabeza del libro para criticar al resto del mundo.” Lo cual es cierto: las conversaciones entre los Mazal son uno de los aciertos de esta novela. Deleita leer cómo Bordas pone a interactuar, sin que el lector se confunda, a una gran cantidad de diferentes personajes y que cada uno tenga una vida interior, y que algo de esa vida interior salga a relucir, pese a que observamos todo desde el punto de vista de Dory.

Es curioso que una novela con un trasfondo global –de nuevo: una autora francesa con raíces españolas que escribe en inglés– se pueda leer como un mensaje encubierto sobre cómo comportarse en la era global. Pese a estar rodeado de gente, Dory termina por experimentar la soledad característica de los tiempos hiperconectados. Puede que no sea casualidad que estemos frente a una historia anterior a internet (de hecho, recién pasada la mitad de la novela llega una computadora a la casa de los Mazal), en la que los personajes tienen que abrir libros si quieren saber algo, o en la que hablar por teléfono (y no usarlo para textear) era lo normal. “Si fuera yo tu consejera”, dice Simone, “ilegalizaría los comentarios en internet. Creo que la gente habla más de lo que debería”. Y más adelante Aurore, otra hermana de Dory, afirma: “Internet da por descontado que sabes exactamente lo que buscas y yo no sé qué estoy buscando y mucho menos dónde buscarlo.”

Para Mizumura uno de los peligros de la supremacía anglo es que es fácil alcanzar mayores audiencias si se escribe en la lengua franca de la globalización. Es cierto que en el caso de Cómo comportarse en la multitud Bordas escribe en inglés (aunque nosotros la leemos en una traducción peninsular), pero a primeras no parece hacerlo para participar en el gran mercado literario global, ese que a ratos homogeneiza la literatura, sino para presentarnos una historia mínima, local y que desborda empatía. ~


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