Voluntarios clasificados | Letras Libres
artículo no publicado
Foto: Alejandra Carvajal

Voluntarios clasificados

Un progreso de México en las últimas décadas ha sido la multiplicación de asociaciones voluntarias. En situaciones de urgencia, hacen falta recursos informativos al servicio de la espontaneidad social.

Algo inmejorable de los voluntarios que acuden para ayudar en un desastre es su espíritu solidario. Lo mejorable es que lleguen demasiados o con habilidades y recursos que no son los mejores para el caso.

Tratar de organizarlos puede ser contraproducente, y más aún si lo intentan autoridades que llegan tarde, quieren mandar y buscan la foto, provocando (o exigiendo) que los voluntarios se retiren. Hacen falta recursos informativos al servicio de la espontaneidad social.

Por ejemplo: un registro electrónico de voluntarios clasificados con nombre (sin apellidos), edad, sexo, días y horas disponibles para ayudar, correo electrónico, colonia (sin dirección ni teléfono), experiencia o interés en qué tipos de servicios voluntarios.

Habría que incluir una tabla clasificatoria para que cada inscrito defina cómo está dispuesto a ayudar: desde su casa (haciendo llamadas, avisando a las redes sociales de la web o radioaficionados); acudiendo (solo, con otros, a pie, en bicicleta, transporte público, coche); llevando qué (celular, lámpara, herramienta, maletín médico o de primeros auxilios, perros entrenados, equipo de buceo o alpinismo, alimentos); en qué casos (accidentes, incendios, explosiones, derrumbes, inundaciones, temblores); especialmente para atender (niños, ancianos, inválidos, animales); en qué idiomas (español, náhuatl, inglés, sordomudos).

En el desastre se convocaría a los voluntarios pertinentes, explicándoles dónde hacen falta para qué, llevando qué, etcétera.

La creación y administración del registro estaría a cargo de un grupo muy pequeño patrocinado por la iniciativa privada. La base de datos no sería pública, y se tomarían precauciones para evitar el mal uso. Una guardia de 24 horas y todos los días del año atendería las solicitudes de ayuda, confirmaría su legitimidad y movilizaría a los voluntarios correspondientes. Además, avisaría a la Cruz Roja, bomberos, Protección Civil, etcétera. Y se procedería contra los chistosos o abusivos que intenten movilizar injustificadamente.

Todo lo anterior se refiere a situaciones de urgencia. Pero también existe la necesidad de voluntarios por semanas o meses, no por horas, en asociaciones privadas dedicadas a ayudar.

Un progreso de México en las últimas décadas ha sido la multiplicación de asociaciones voluntarias. El gobierno veía con desconfianza el servicio público independiente. Le recordaba la odiosa competencia de los grupos religiosos que durante siglos crearon instituciones asistenciales, educativas y de promoción del desarrollo. Quería hacerlo todo. La sociedad se acostumbró al paternalismo del Estado, y hasta lo exigía, pues las instituciones oficiales ni hacían ni dejaban hacer a los ciudadanos. Pero la quiebra del Estado paternalista y el desarrollo de la sociedad civil favorecieron el surgimiento de asociaciones voluntarias.

Las hay ahora de una gran variedad, y es bueno que así sea, porque las necesidades sociales y las vocaciones de servicio son muy diversas. Por ejemplo: albergues, orfanatorios y asilos, dispensarios médicos, escuelas, enseñanza de oficios, obras caritativas inspiradas en San Vicente de Paúl o San Egidio, Alimento para Todos (que recoge y distribuye sobrantes de la Central de Abasto y la industria alimentaria), el Hospital Oftalmológico de Nuestra Señora de la Luz, el Refugio Franciscano para perros y gatos callejeros, la Fundación Mexicana para el Desarrollo Rural, el Arca para niños abandonados con deficiencia mental, la Asociación Mexicana contra la Violencia a las Mujeres (que atiende a las que sufren violaciones o maltrato), Alcohólicos Anónimos, la Granja para Niñas La Esperanza, el hospicio de Mamá Rosa en Zamora que la estupidez política destruyó, el Fideicomiso para la Salud de los Niños Indígenas (que lleva ropa, medicinas y víveres), grupos especializados en cuidar la naturaleza y el ambiente, cooperativas de ahorro y préstamo, el banco Compartamos (especializado en microcréditos), el Centro Mexicano para la Filantropía (que asesora para crear instituciones privadas de servicio social).

Hace falta algo como el Service Corps of Retired Executives cuyos 11,000 voluntarios asesoran a microempresarios. Y una base de datos clasificados de lo que necesita cada obra social para los que quieran ayudarles con servicios, orientación, conexiones o dinero. También carreras universitarias de leyes, contabilidad o administración especializadas en mejorar la creación y operación de las instituciones voluntarias.

Reforma, 31/12/2017