Foto: Wikimedia Commons

¿Tolerancia cero o intolerancia?

La política migratoria de Trump de separar familias de inmigrantes indocumentados es moralmente repugnante porque corrompe los valores de la civilización de occidente.
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Desde la ex primera dama de la nación Laura Bush hasta la Senadora demócrata Dianne Feinstein, la condena a la brutal política migratoria de Trump de separar a los niños de sus padres inmigrantes indocumentados ha sido casi unánime. Y de todas las críticas, sin duda la más punzante ha sido la del general Michael Hayden, el antiguo director de la CIA y alto funcionario de inteligencia en los gobiernos de George W. Bush y Barack Obama, quien conmovido por la cruel e inhumana decisión tuiteó una imagen tan poderosa que desató una feroz crítica de los apresurados que se desentendieron del texto que la explica.

La controvertida foto muestra el Campo de Concentración en Birkenau, adjunto a Auschwitz, con un texto que dice: “Nadie que ahora cruce por este portal debe creer, ingenuamente, que aquí se garantizaba una conducta civilizada”.

La alusión es clara. Tan clara como cuando en la década de los años cuarenta, Thomas Mann, el mayor novelista alemán de la época, dolorido se preguntaba cómo había sido posible que en el país de Mathias Grünewald y Albrecht Dürer, Johann Sebastian Bach y Ludwig van Beethoven, Wolfgang Goethe y Friedrich Schiller, Alexander von Humboldt y Albert Einstein, una banda de bárbaros hubiera sido capaz de borrar de un trazo la milenaria civilización alemana.

Y es precisamente en este contexto en el que el mensaje del General Hayden debe ser entendido. Para Hayden, el recuerdo de Birkenau y el resto de los campos de concentración incluyendo los llamados Centros de Reubicación de ciudadanos estadounidenses de origen japonés durante la segunda guerra mundial, deberían servir de ejemplo, aunque extremo, del ultraje que representa que una sociedad madura con instituciones sólidas y valores establecidos corrompa su misión civilizatoria.

La operación llamada “Tolerancia Cero” que el gobierno de Trump está aplicando a la inmigración indocumentada a Estados Unidas es indignante precisamente porque contradice y violenta los valores que cimentan la convivencia civilizada en Estados Unidos. En una sociedad donde rigen los derechos humanos no se separa a los hijos menores de sus padres.

Sin embargo, tan solo entre abril y mayo de este año, un mínimo de dos mil niños han sido separados de sus padres y detenidos en nuevos centros de reubicación siguiendo los lineamientos de la política migratoria de Trump. Una política que llega al extremo de prohibirle a los custodios que conforten a los niños que muestran estrés. Ya desde marzo, el entonces secretario de seguridad interna John Kelly había anunciado que el objetivo de la separación de las familias era desalentar la inmigración ilegal. Y no solo eso, el propósito de la nueva política migratoria es procesar criminalmente al mayor número de inmigrantes que cruzan la frontera sin documentos para que cuando se presenten ante un juez para explicar su caso lleguen con un historial criminal por tráfico humano que seguramente impedirá que les sea otorgado asilo.

La fiscalía alega que la separación familiar sucede porque la ley dicta que cuando un inmigrante está bajo custodia criminal los menores no pueden acompañarle. Pero a diferencia de lo que sucedía durante el gobierno de Barack Obama, cuando se enviaba al padre a un centro de detención para enfrentar su proceso, la madre permanecía libre con su hijo hasta que se decidiera su caso.

Intentando darle justificación moral a su inhumana conducta el fiscal Sessions tuvo la audacia de escudarse en un pasaje bíblico. “Las personas que violan la ley de nuestra nación están sujetas a enjuiciamiento. Te citaría al apóstol Pablo y su mandato claro y sabio en Romanos 13 de obedecer las leyes del gobierno porque Dios las ha ordenado para que haya orden”. Vergonzosa declaración solo alguien moralmente discapacitada como la inefable Sarah Sanders, portavoz de la Casa Blanca, intentó justificar argumentando que “es muy bíblico” reforzar la ley.

Afortunadamente los demócratas en el Congreso con el apoyo de unos cuantos republicanos han prometido unir esfuerzos para prohibir por ley que siga esta detestable práctica y hasta ahora parecen contar con el apoyo del líder de la mayoría republicana en el Congreso, Paul Ryan. Estados Unidos debe recuperar su brújula moral poniéndole fin a esta inhumana aberración.

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Escribe sobre temas políticos en varios periódicos en las Américas.


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