artículo no publicado

Entre la pena y la nada

A punto de cumplirse la fecha límite para decidir el futuro de los ‘dreamers’, muchachos que fueron traídos a EE UU por sus padres sin documentación migratoria, en Washington se discuten los términos de una reforma migratoria.

Cuando pienso en los temas del debate migratorio que esta semana se discutirá en Washington: los ‘dreamers’ y/o el futuro de la política migratoria del país, no puedo dejar de pensar en el tema central de la gran novela de William Styron, Sophie’s Choice. El dilema que la protagonista de la novela enfrenta, obligada por las circunstancias, es que ella sabe que su decisión de salvarle la vida a su hijo le hará muy difícil sobrevivir al oprobio moral de no haber salvado a la otra.

Esta semana, la Casa Blanca dará más detalles de una nueva propuesta migratoria que esbozó Trump antes de su viaje a Davos pero que lejos de ser integral ofrece una zanahoria, muchos palos y abundante incertidumbre. Trump promete una vía a la ciudadanía no solamente para los casi 700,000 ‘dreamers’ (inmigrantes indocumentados que fueron traídos a este país de niños por sus indocumentados padres y hasta ahora han vivido protegidos de la deportación por una orden ejecutiva de Barack Obama) sino a un millón doscientos mil más que están en las mismas condiciones que los ‘dreamers’ pero que no se inscribieron a DACA. A cambio, Trump pide al Congreso 25 mil millones de dólares para financiar el muro en la frontera, una reducción radical a la política de reunificación familiar de los residentes documentados y eliminar la lotería de 50 mil visas anuales de residencia permanente.

Nadie sabe si Trump mantendrá su propuesta dada la volatilidad de su carácter:  en un solo día puede contradecirse varias veces. Tampoco sabemos si los Representantes republicanos archiconservadores se opondrán a la legalización de los ‘dreamers’ o si el ala izquierda del Partido Demócrata se opondrá a cambiarle el carácter a la política actual al restringir la reunificación familiar y eliminar la lotería que excluye a ciudadanos de 18 países (Colombia y México entre siete naciones latinoamericanas) que en los últimos cinco años han sumado más de 50,000 emigrantes a EE UU.

El grave problema para los demócratas y para quienes queremos una reforma integral es el desequilibrio de fuerzas políticas en el gobierno actual. Los republicanos controlan las dos cámaras del Congreso y la Presidencia, y frente a este poder fáctico, de poco sirve que la mayoría de los estadounidenses simpaticen con los ‘dreamers’. Más aún, como me dice Peter Hakim, Presidente Emérito del Diálogo Interamericano: “Unilateralmente, los republicanos ya están desmantelando las políticas de inmigración, y es muy probable que dejen en ruinas el sistema. No obstante, los demócratas deben negociar con fuerza pero de manera realista para proteger lo más que se pueda".

Concuerdo con Hakim, sobre todo después del error garrafal del liderazgo demócrata en el Senado de haber planteado la negociación del presupuesto poniendo a los ‘dreamers’ de por medio sabiendo que los republicanos les acusarían de “cerrar el gobierno para salvar a ‘ilegales’”. Una equivocación que les obligó a recular y propició mayores divisiones en su Partido.

Creo, como me dice el politólogo de centro izquierda Marc Cooper que “la postura de los Senadores Elizabeth Warren y Bernie Sanders tiene un profundo estrato moral y podría resultarle atractiva a los jóvenes y a las minorías que conforman el futuro del Partido Demócrata”. Pero creo que su estrategia de resistir a Trump en esta ocasión, en vez de buscar un compromiso con los moderados de ambos partidos, es suicida y condenaría a los ‘dreamers’ para siempre.

Concuerdo con Cooper en que “a medida que nos acercamos al 8 de febrero, los demócratas no tienen muchas opciones. No pueden abandonar a los ‘dreamers’ porque hacerlo no solo sería inmoral sino también políticamente letal para las elecciones intermedias. Por otro lado, Trump necesita usar DACA como palanca para obtener parte de sus restrictivas propuestas de inmigración aprobadas”.

Yo creo firmemente que la prioridad en estos momentos en los que el balance fuerzas es tan favorable a los republicanos, y considerando que la inmensa mayoría de los ciudadanos quiere que se resuelva positivamente la situación migratoria de los ‘dreamers’, DACA debería ser la prioridad en las negociaciones.

Ante este caso yo, como el personaje que cierra la novela Las Palmeras Salvajes de William Faulkner, repetiría: “si tengo que escoger entre la pena y la nada, elijo la pena.” ¿Usted que piensa?