artículo no publicado

Los misterios del Gusano

Hugo Hiriart

El Águila y el Gusano

México, Random House, 2014, 352 pp.

Fabiola, Estefanía, Alonso

Fabiola: Me dejó muy patidifusa...

Estefanía: No te pudo dejar “muy” patidifusa. O te dejo así o no, pero no es necesario adjetivar esa palabra...

Fabiola: Ay, bueno. El caso es que sí está tremenda la obra... ¿Qué vas a desayunar?

Estefanía: Unos huevos benedictine. Mira, allí viene ya Alonso.

Alonso: Señoras, muy buenos días. ¿Qué les pareció el libro?

Estefanía: ¿Por qué se volvió así Hugo, eh?

Alonso: Así, ¿cómo?

Estefanía: Pues así: más mordaz que agradable, más tétrico que otra cosa, más desesperanzado, no sé...

Alonso: Bueno...

Estefanía: Porque antes no escribía así...

Fabiola: A mí me dejó “muy” patidifusa...

Alonso: ¿“Muy”? Bueno, todo cambia, ¿no? Hasta nuestros escritores favoritos... Yo creo que tiene que ver con que el país también cambió...

Fabiola: El país no ha cambiado...

Alonso: ¿No, eh? Bueno, piensa en el país como un cuadro... No le veo ya mucha cara de José María Velasco... Es más, incluso si me dijeras que el país parece un cuadro de Caravaggio te diría que no, que eso fue, pero ya no. Hay otra luz. Una luz como de Bacon, que se quiere aséptica y que todo revela. En Caravaggio la luz se retuerce igual que los personajes, sufre. Pero su origen es claro. Un poco así pienso que es La destrucción de todas las cosas. Hay espacios, aún. A pesar de todo, claridad. En Bacon, como en El Águila y el Gusano, todo el espacio está acotado. Todo lo que ocurre está acotado dentro de lo siniestro. Hasta lo que no es siniestro aparece a esa luz.

Estefanía: Sí, pero...

Alonso: Di.

Estefanía: No es Galaor...

Alonso: No. Pero en Galaor también suceden cosas tremendas.

Estefanía: Sí, pero están muy alejadas. De mí, de ti, de la percepción del tiempo y del espacio actuales...

Alonso: En cambio El Águila y el Gusano están muy cerca, ¿no? Ese cuadro de Ensor en la portada parece decirnos algo a nosotros, nos grita algo a nosotros. Ese colorido brutal, esa aglomeración infame... Un hervidero de gente muy diversa en el cual no puedes saber quién está maquinando negras intenciones, ni quién es inocente. Y claro, la pregunta: aparte de mí, ¿hay aún inocentes? ¿Los hubo alguna vez? El Dios-Emperador de Dunas, Leto, El Gusano, decía, o más bien, dirá, dentro de diez mil años, que los inocentes son un raro lujo en su imperio... Deberían leer Dunas, señoras.

Fabiola: Otro libro de gusanos.

Alonso: ¿Se acuerdan de los hexagramas?

Fabiola: No como tú.

Alonso: Ja... yo creería que este libro es como el hexagrama “Lo echado a perder” o “Lo echado a perder como tarea”. La imagen, ¿recuerdan?, es la de una escudilla en la que prosperan gusanos. Pensaría que este libro es una especie de “precuela” de La destrucción...; a su vez, La destrucción de todas las cosas va antes que La torre del caimán. Los tres comparten un tono; y sí, el tono es aterrador. Lo aterrador es aquello que nos provoca un miedo irracional, un miedo muy profundo. Como un lugar donde prosperan los gusanos. Hugo mismo, en su libro sobre los sueños, da cuenta del mecanismo de las pesadillas. Algo que parece algo inofensivo, la hoja de un árbol, por ejemplo, se convierte en otra cosa, un insecto, un insecto que nos ataca.

Fabiola: Eso sentí.

Estefanía: Sí, es un libro tremendo.

Alonso: ¿Y quisieras que Hugo escribiera de otro modo? ¿Después de todo? ¿Se acuerdan del grabado de Goya? “El sueño de la razón produce monstruos.” Creo que muchas veces se ha malinterpretado esta frase. Porque no son los monstruos irracionales que advierten que la razón ya no vela y ya no vigila y por ello nos visitan, sino los monstruos propios de la razón, los que esta sueña. Y nos hemos vuelto eso. Un sueño de la razón...

Fabiola: ¿Pidamos algo de desayunar, no? No sé por qué sentí un escalofrío.

...

Hugo, Pánfilo

Pánfilo: Órale, Hugo.

Hugo: Como sabes, “órale” viene de “orar”. Es decir: “rézale”.

Pánfilo (mirando ora a Hugo, ora al Dante de la Facultad): Órale, Hugo.

...

León Macías; “El Beluga”; Paloma Peres; Rutilo, Libre

León (cerrando la portezuela del honda libre): Vamos aquí nomás, a Ahuehuetes Sur...

Paloma: Ya sabe, a la glorieta donde un albañil se colgó y luego se rompió la cuerda y cayó en mi cofre...

Rutilo: Sí, señorita.

El Beluga: ¿Fuiste tú? Eso ha de haber sido como en ochenta y cuatro, ¿no?

Paloma: No me acuerdo de la fecha, bien a bien..., pero sí, antes del temblor...

León: Eso me recuerda... ¿Ya leyeron el libro nuevo de Hugo Hiriart?

Paloma: Sí, no, más o menos. Lo tengo en la casa si lo quieres, Beluga.

El Beluga: Gracias. Yo ya lo leí. Me dejó muy preocupado.

León: ¿Muy preocupado por Hugo, muy preocupado por la república de las letras, muy preocupado por la nación?

Paloma: Ash...

El Beluga: Pues mira, sí.

Paloma: ¿Por qué preocuparse? ¿Vas a cambiar algo con tu preocupación?

León: Bueno, si todos los días la gente le rezara a san José, el mundo sería otro.

El Beluga: ¿Y eso?

León: Es el consejo que les dan unos monjes a Fernando Rey y a Luis Buñuel.

Paloma: Miren, un coche en llamas.

León: Acelérele, maestro.

Paloma: ¡Qué espanto!

El Beluga: Ya llegamos...

Rutilo: Miren, chavos. El maestro Hiriart escribe así porque así está la patria. La bandera de México ya no es verde, blanca y colorada. Es negra, blanca y negra. ¿No la han visto? Es una bandera de luto, tal cual “el doliente de Hidalgo”. Apareció cuando las marchas. Esa es hoy la bandera nacional. Y el águila come un gusano. Los ríos apestan, las casas se desploman, los niños reparan en crueldades, hombres y mujeres desaparecen, hay colgados y autos incendiados y si te vi, no me acuerdo; todo muere, menos la codicia, la envidia, la lujuria, la avaricia. Son ciento veinte pesos, chavos. ~