Trols: Prodigios y horrores de la mitología nórdica | Letras Libres
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Trols: Prodigios y horrores de la mitología nórdica

La evolución del trol a lo largo de la historia, de su paso del horror al humor, de la superchería a la literatura seria, del cine a las caricaturas, de los anaqueles de suvenires kitsch a su conversión en peste electrónica. 

Trolls. An Unnatural History. John Lindow. Reaktion Books, 2014. 160pp

El trol es una figura de la mitología nórdica, un personaje fantástico que se codeaba con Thor y Loki, decoraba leyendas y cuentos infantiles, y ha dejado de ser patrimonio exclusivo de la cultura escandinava para volverse un monstruo universal. La primera aparición de un trol en la literatura tiene lugar en la poesía medieval vikinga, cuando el poeta Bragi, el viejo, confronta a un trol femenino, al cual no describe más allá de decir que es una devoradora del sol o la luna (la rueda del cielo) y una destructora de riquezas. Este trol acompaña a una vidente y guardiana del cementerio, por lo que es claro que representa una amenaza para el cosmos y la prosperidad humana además de que tiene vínculos con la muerte. Sin embargo, no quedan claras sus características mágicas ni su origen. En su agudo ensayo Trolls. An Unnatural History, el profesor de estudios escandinavos de Berkeley, John Lindow, elabora una amplia genealogía de estos seres, desde finales del siglo IX hasta internet, pasando por el folclor, la literatura, el arte, el cine y el frenético comercialismo fetichista contemporáneo. Se trata de un texto de naturaleza académica que ha sido modificado para el lector común y como sucede en este tipo de adaptaciones puede percibirse un tono algo forzado. No obstante se trata de un ejemplo notable de estudios culturales, equilibrado, extremadamente bien informado y de lectura amena.

El término trol se emplea para referirse a una enorme variedad de seres anormales, prodigiosos y peligrosos que acechan en la naturaleza pero que interactúan con la gente con cierta regularidad. Una de sus formas más convencionales es la del ser grotesco, narigón, de largos y enmarañados cabellos y barba que, o bien viste de manera estrambótica o está cubierto de un denso pelaje. Usualmente le teme a la luz del día (la cual lo puede convertir en piedra o hacer estallar) y se oculta en el interior de las montañas. Lindow incluye una formidable selección de ilustraciones de algunos de los artistas más distinguidos que han representado troles, como Johan Fredrik Eckersberg, Otto Sinding y Erik Werenskiold.

El trol surge alrededor del tiempo de la conversión escandinava al cristianismo alrededor del año 1000. Su popularidad creció a partir de las traducciones de leyendas y relatos a otros idiomas europeos durante la era victoriana y eventualmente fue recuperado por los intelectuales románticos de la región, especialmente en Noruega, como símbolo de identidad nacional, como evocación nostálgica de un pasado bucólico, místico, tradicional e impoluto que se resiste a las corrientes cosmopolitas.

La  fama de estos seres comienza a rebasar las fronteras nórdicas con el cuento de hadas Las tres cabras macho Gruff (De tre bukkene bruse) en el que tres cabras intentan atravesar un puente para llegar a un pastizal pero para hacerlo deben engañar a un amenazante trol que vive bajo el puente y quiere devorarlas. Este relato bien conocido se ha convertido en una referencia obligada, parafraseada y citada a menudo. Aquí se pone en evidencia que el trol es un ser ambiguo y lleno de contradicciones; en otros relatos aparece como ingenuo o astuto, vecino agradecido o depredador despiadado, gigante melancólico o enano perverso, “freak” solitario o secuestrador caníbal de mujeres. Es un personaje que produce miedo y fascinación por su aspecto y costumbres pero también por su libertad, relación con la naturaleza y sorprendentes poderes mágicos.

Lindow establece una interesante distinción entre los trols que considera “creíbles” del folclor y los inverosímiles o fantásticos de la literatura. De manera en que los separa entre visiones populares e intelectuales de lo sobrenatural. El libro comienza con la anécdota de una estudiosa extranjera de la cultura noruega, a la que califica como “perfectamente racional”, que una noche de septiembre en Oslo cree ver un trol gigante mientras espera el tranvía. El autor toma con seriedad esta afirmación, no aceptando de facto la presencia de un ser prodigioso ni reduciendo la aparición a un ilusión, sino más bien considerando la importancia del Zeitgeist en las percepciones de lo inexplicable. De tal forma el estudio de un personaje de ficción da pie a un vigoroso análisis de la idiosincrasia y poética nórdica.

Con el tiempo el trol ha adquirido nuevos atributos y se ha mudado de los gélidos bosques boreales a la cultura popular y de ahí a convertirse en residente tóxico de las redes sociales digitales desde la prehistoria de internet. En la red usenet comenzó a llamarse trols a los participantes provocadores y disruptivos de los foros de discusión y el nombre se ha conservado hasta ahora. Inicialmente el término se debió a su método de irritar, que consistía en hacer comentarios absurdos o pretendidamente ingenuos para llamar la atención, ofender y desatar conflictos entre los demás participantes. Era como la técnica de pescar con caña que consiste en lanzar una carnada y pasearla en el agua hasta que un pez la muerda, que en inglés se llama trolling. La palabra era muy semejante al nombre del monstruo caótico e irascible por lo que se adaptó de manera ideal a estos molestos cibernautas.

Lindow explora la evolución del trol a lo largo de la historia, de su paso del horror al humor, de la superchería a la literatura seria, del cine a las caricaturas, de los anaqueles de suvenires kitsch a su conversión en peste electrónica. Sin embargo, queda claro que el autor no está demasiado interesado en revisar las apariciones de trols en los medios modernos. Mientras sus reflexiones sobre trols en la poesía, el establecimiento de una mitología así como la filología y semántica del término son bastante profundas y detalladas, apenas se menciona la presencia de estos seres en obras de culto como El señor de los anillos de J. R. R. Tolkien, donde son literalmente reinventados y aparecen como creaturas malévolas y peligrosas. Así mismo, el auge popular internacional del trol en el cine, la tele y los juegos de video es apenas considerado como un reflejo, un efecto secundario, por lo que numerosos filmes, series y derivaciones son ignorados.

El trol es el “otro”, es un ser marginal que no pertenece a la comunidad humana ni practica la religión cristiana, de ahí que el inuit sea llamado trol en algunos recuentos. Por tanto es un personaje que sirve como metáfora para reflexionar sobre temas de actualidad en tiempos de inmigraciones problemáticas, crisis nacionalistas, globalización y auge de los fundamentalismos. En buena medida el trol representa lo que el hombre no es pero al mismo tiempo, como escribe Lindow, también contiene algo de todos nosotros.

 

 


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