¿Un nuevo internet? | Letras Libres
artículo no publicado

¿Un nuevo internet?

Internet está dominado por unas pocas compañías que concentran y aprovechan los datos personales de millones de usuarios. Ante este panorama, muchos pugnan por el regreso a un internet descentralizado.

Para la mayoría de nosotros, dice Muneed Ali, internet es una caja negra, cuyo funcionamiento desconocemos. Nuestro ritual suele ser el mismo: prender la computadora, abrir un navegador y acceder a algún sitio de internet. Verificar (tal vez) la existencia de certificados de seguridad en los que confiaremos ciegamente. En algunos puntos iniciar sesión en una página que hemos visitado antes o registrarnos como usuarios nuevos de algún servicio, ya sea dando nuestros datos o importando los que tenga almacenados otro proveedor grande, como Google o Facebook. Al hacer ese registro estaremos aceptando (casi siempre sin leerlos antes) los términos y condiciones que, de acuerdo con las leyes aplicables, la empresa en cuestión haya determinado. Aunque nuestros datos y contenido siguen siendo nuestros, la licencia de uso sobre los mismos que les otorgamos a esas compañías es amplísima. Ellas funcionan como repositorios de nuestros datos y están en control de ellos, sacándoles el mayor jugo posible. Compañías dominantes como Google y Facebook obtienen ganancias millonarias por explotar los datos a los que les damos acceso cuando utilizamos sus servicios. En otras palabras, existe un problema de centralización. Ese es el estado actual del internet, ¿podría ser de otra forma?

Los que pugnan por un internet descentralizado opinan que sí. Que el internet fue diseñado para ser descentralizado y así fue en sus inicios. Luego comenzó la centralización, conforme las grandes compañías tecnológicas crecieron y acapararon el almacenamiento de datos de su creciente número de usuarios. El problema de estos grandes almacenes de datos es que son tan atractivos como panales de miel para las abejas de agencias gubernamentales, servicios de vigilancia, hackers y en general cualquiera que desee buscar algo en esa base de datos. El mero hecho de que esa información está disponible la hace susceptible de ser atacada.  

Para alterar el esquema actual, proyectos como Blockstack y Solid proponen buscadores disruptivos cuyo uso alteraría el cómputo en nube como lo conocemos y traería mejoras al manejo de datos, la privacidad y la seguridad. Estos cambios vendrían de la mano del uso de blockchain, tecnología de más o menos reciente creación (2010) que ha cobrado gran fama gracias a Bitcoin. Una de las principales características de blockchain es que, dado que la cadena de operaciones es transparente, segura e inalterable, elimina o reduce en gran parte la intervención de los intermediarios. El papel de los intermediarios es dar seguridad a transacciones de todo tipo (compras en línea, transferencias bancarias, adquisiciones de inmuebles, certificados de seguridad). En el caso de las transacciones monetarias eliminan a los bancos. En el caso de los buscadores eliminarían o reducirían la participación de los emisores de certificados de seguridad (eso que te dice en la barra de navegación que el sitio visitado es seguro) y de las compañías que, a través de sus sitios, tienen acceso a nuestros datos y ponen al usuario en control de sus datos y del provecho que se puede sacan de ellos.

Blockstack es una startup cuya idea nació con la tesis doctoral de Muneed Ali en Princeton. La compañía se presenta como un segundo internet que busca resolver las fallas del primero, cuyo diseño de hace más de cuarenta años comienza a mostrar signos de la edad, que se traducen en fallas de seguridad y lo vuelven susceptible a recibir ataques. También implicaría una mejora en el tema de privacidad ya que los usuarios estarían en control de toda la información almacenada en su perfil, sin que ninguna compañía pueda verla a menos que los usuarios lo autoricen, cosa que eliminaría los accesos que se otorgan las compañías prestadoras de servicios. A decir de Ali, actualmente[Office1] , un ingeniero que trabaje en Dropbox puede tener acceso a toda nuestra información, pero si accedemos al servicio de Dropbox vía Blockstack no habría visibilidad de la información porque estaría encriptada, lo cual convertiría a dicha empresa (y a todas las que prestan servicios similares) en un simple disco duro. Esto significaría también una posible solución a los problemas de privacidad implicados en la vigilancia gubernamental indiscriminada que se volvieron noticia a raíz de las revelaciones de Edward Snowden respecto del programa PRISM.

Solid es un proyecto dirigido por Tim Berners-Lee, el creador de la World Wide Web. Se trata de un buscador que pretende cambiar radicalmente la forma en que las aplicaciones web funcionan actualmente, mejorando la privacidad y brindando verdadera propiedad de los datos a los usuarios. Las aplicaciones que el usuario quiera ejecutar tendrían como referencia datos alojados en servidores elegidos y controlados por el usuario. Es decir, no más bancos de datos (en el sentido monetario) con los que puedan lucrar primordialmente las grandes compañías tecnológicas.

Tanto Blockstack como Solid están proponiendo un nuevo internet, uno cuyo funcionamiento vuelva a ser descentralizado, donde las plataformas que utilicemos no sean controladas por corporaciones, sino por usuarios en control total de sus datos. Suena prometedor. Sin embargo, en sentido contrario se argumenta que las personas que utilizan redes sociales lo hacen porque sus conocidos están ahí, no por razones ideológicas, y usan ciertas plataformas porque son intuitivas y fáciles de utilizar, no porque tengan métodos de encriptación. En ese sentido, si bien la descentralización podría significar un cambio importante, tal vez no sería tan radical si las tecnologías que la hacen posible no son ampliamente adoptadas.

Es cierto, hay un problema de acaparamiento de mercados en internet y aprovechamiento de la información obtenida de los usuarios. La descentralización es una buena propuesta, aunque su utilidad está por comprobarse. Por cuanto hace a la explotación de datos, varias soluciones se han planteado y todas coinciden en poner al usuario en control de sus datos. El modelo actual implica un intercambio: la empresa da un servicio y los usuarios proporcionan datos y contenido. Falta saber si a los últimos les interesaría renunciar a lo que perciben como beneficios o si preferirán navegar en un ambiente tal vez un poco menos amigable, pero más seguro.